Soporte y mantenimiento de aplicaciones: qué incluye y por qué no es opcional

Soporte y mantenimiento de aplicaciones móviles para empresas

La app está entregada, publicada en las tiendas y funcionando. Fin del proyecto.

Ojalá. Lo que pasa en realidad es que dentro de unos meses Apple sacará una versión nueva de iOS, algo dejará de funcionar como debía, y alguien de tu equipo descubrirá que en el presupuesto no había partida para arreglarlo.

El soporte y mantenimiento de aplicaciones es la parte del proyecto que menos se habla y más problemas da cuando se olvida. Aquí te contamos qué cubre exactamente, qué ocurre si no lo contratas y cómo se suele facturar.

Por qué una app no se puede dejar sola

Una aplicación no es un folleto: es software vivo que depende de plataformas que cambian sin pedirte permiso.

  • Los sistemas operativos se actualizan cada año. iOS y Android publican versiones nuevas y, con ellas, requisitos nuevos. Lo que funcionaba puede dejar de hacerlo, o abrir un agujero de seguridad.
  • Las tiendas exigen estar al día. Google Play y App Store limitan la visibilidad (y en algunos casos la descarga) de las apps que llevan mucho tiempo sin actualizarse. Google exige además que las apps cumplan con una versión mínima de Android para seguir disponibles.
  • Aparecen dispositivos nuevos constantemente. Pantallas distintas, resoluciones distintas, comportamientos distintos. Lo que se veía bien hace dos años puede verse mal hoy.
  • Y salen bugs. Siempre. Da igual lo bien probada que esté: en cuanto la usan cientos de personas en condiciones reales, aparece lo que nadie previó.

Los cuatro tipos de soporte y mantenimiento de aplicaciones

No todo el mantenimiento es lo mismo, y conviene saber qué te están cobrando:

  • Correctivo. Arreglar lo que falla. Bugs reportados por usuarios o detectados en la monitorización. Es el más urgente y el que nadie discute.
  • Adaptativo. Ajustar la app a lo que cambia fuera: versiones nuevas de iOS y Android, dispositivos nuevos, cambios en APIs de terceros con las que se conecta. Es el que más se subestima y el que más problemas evita.
  • Evolutivo. Añadir funcionalidades, mejorar el rendimiento, rediseñar pantallas. No es obligatorio, pero es lo que mantiene la app útil con el tiempo.
  • Preventivo. Revisar antes de que se rompa: dependencias desactualizadas, avisos de seguridad, código que empieza a dar señales. Es el menos visible y el que más dinero ahorra.

Qué pasa si no lo contratas

No pasa nada el primer mes. Pasa esto:

  • La app deja de funcionar en dispositivos nuevos. Al principio son quejas sueltas; después es una parte de tus usuarios que no puede usarla.
  • Se acumulan avisos de seguridad. Las librerías que usa la app se actualizan por algo. Cuando llevas dos años sin tocarlas, tienes vulnerabilidades conocidas dentro de tu producto.
  • La retirada de las tiendas. Es el escenario extremo, pero ocurre: apps que llevan años sin actualizar y acaban fuera del catálogo.
  • Y lo más caro: el desarrollador ya no está. Cuando por fin decides arreglarlo, resulta que quien la programó ya no trabaja ahí, nadie ha documentado nada y ponerse al día cuesta más que haberlo mantenido.

Cómo se contrata el soporte y mantenimiento de aplicaciones

El mantenimiento suele plantearse de dos formas: una cuota mensual con un número de horas incluidas, o una bolsa de horas que se consume según se necesita.

La cuota da tranquilidad y garantiza tiempos de respuesta. La bolsa es más flexible si tu app es estable y solo la tocas de vez en cuando.

Lo que conviene tener claro antes de firmar:

  • Qué está incluido y qué no. ¿Entra solo el correctivo o también las adaptaciones a nuevas versiones de sistema operativo? Es la diferencia más habitual entre presupuestos que parecen iguales.
  • Cuánto tardan en responder. No es lo mismo un fallo que impide facturar que un botón mal alineado. Debería haber tiempos distintos según la gravedad.
  • Quién paga las licencias. Cuentas de desarrollador, servidores, servicios de terceros. Que quede por escrito.
  • Qué pasa si os dejáis. Que puedas llevarte el proyecto a otro sitio sin drama. Código documentado y accesos tuyos.

Cuánto hay que reservar

No damos cifras cerradas porque cada app es distinta, pero sí una regla que funciona: el mantenimiento anual se calcula como un porcentaje del coste de desarrollo, y ese porcentaje sube con la complejidad y el número de integraciones.

Una app sencilla y estable necesita poco. Una app conectada a tu ERP, con varios perfiles de usuario y actualizaciones frecuentes, necesita bastante más.

Lo importante es preverlo desde el principio, no cuando ya se ha roto algo. Lo mencionamos también en cuánto cuesta crear una app, porque es el coste que más se olvida al pedir presupuesto.

Cómo lo hacemos en Gunka Studios

Cuando desarrollamos una app, el mantenimiento entra en la conversación desde el principio, no como un añadido al final.

Y cuando algo falla, hablas con quien la programó. No con un buzón genérico que abre un ticket y te dice que alguien lo revisará.

También asumimos el mantenimiento de aplicaciones desarrolladas por otros. Empezamos por una revisión del estado real del proyecto: qué está desactualizado, qué riesgos hay y qué conviene tocar primero.

Puedes ver cómo trabajamos en desarrollo de aplicaciones móviles.

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